sábado, 24 de marzo de 2012

El pasado

La construcción de los decks fue un desafío. No teníamos dinero para encargarlos, nos asombraron los presupuestos que nos dieron. La necesidad nos llevó a Mocoretá, una maderera que se encuentra sobre la ruta 5 casi llegando a la ciudad de Córdoba. Llevamos los planitos hechos en alguna hoja de cuaderno, nos ayudaron con las medidas, el cálculo de la cantidad de madera, la calidad de las mismas. Los tirantes de anchico, bastante cara y dura, ya lo sabríamos a la hora de ponerle clavos, las tablas de pino con el borde redondeado, aunque sin el tratamiento contra la humedad y los bichos, muy caras. Las llevamos en la Traffic hasta La Rancherita. Los pilares de eucaliptus, también al natural, por ser más baratos, se notará que el dinero no era demasiado abundante en aquel momento.
Los pozos, difíciles de hacer en aquel terreno rocoso fueron encargados a Coni, un lugareño que conocimos en Los Aromos, ducho en el arte de la barreta para romper la piedra. Pintamos con brea las puntas y así fueron enterrados con cemento. Después con la motosierra hicimos los encastres, varilla roscada, tuercas, sujetaron la estructura, y después a clavar. Alvarita me sorprendió por el manejo del martillo, clavos espiralados de pulgada y media armaron los pisos clavando las tablas de pino al anchico. Una vez que le tomamos la mano, no parábamos de clavar, mezcla de orgullo y de furor constructor nos poseían. El trabajo nos unía todos los días, no lo expresamos con palabras, se sentía en el cansancio, el la cena, en el vino con que chocábamos los vasos. La palabra, reitero, orgullo.
Recuerdo que Coni vino, uno de esos días, con su mujer y su hija pequeña, en un caballo, el que usaba todos los días para hacer los 7 u 8 kilómetros que hay hasta su casa, hizo un asado en un rincón del terreno, y ahí comieron sentados en las piedras los tres, rechazó toda oferta de cubiertos o comida. Otros días comimos juntos, los tres, en la cabaña. Nos contaba recuerdos de su niñez, conservo aquel relato en el que su padre enterraba una cabeza de vaca envuelta en mucho diario, rodeada de brazas de carbón, que al cabo de unas horas desenterraban, lista para comer.
Los vecinos, el turco el más renombrado, se acercaba, miraba el avance de los decks, tal vez asombrado por tanta energía.
Se nos ocurrió hacer el necesario cartel, "cabañas". Faltos de experiencia, buscadores de eternidad, compramos una buen trozo de algarrobo. Dibujamos el contorno de las letras y con formones de varias medidas, nos dimos a la durísima tarea de cavar la madera. No avanzaba el cartel con el correr de las horas. Probamos marcar las letras con la motosierra, avanzamos aunque siempre lenta y trabajosamente. Dijimos que el cartel era "yústico", la manera en que el carpintero boliviano pronunciaba rústico, y porque realmente es el estilo del cartel que tal vez todavía esté sobre la calle Santa María en el sector del arroyo. Pesado, tan pesado como eterno, con sus letras amarillas en el bajorrelieve tosco y bebedor insaciable de pintura.
Eran días de ropa de trabajo, de caras y manos manchadas con pintura, de compras apuradas, de sueños pesados, de calambres. Descubrimos que el hielo era enemigo de los calambres. El problema es que dormíamos en la parte alta de la cabaña de troncos, así es que el que ayudaba al acalambrado debía tener mucho cuidado al bajar presuroso las escaleras hacia la heladera, subir en la oscuridad, colocar la cubetera y de poco retornar al sueño,a veces mojado el colchón por los hielos derretidos. Era la primavera del año 2005.
Escribo para tener memoria, para guardar recuerdos, el pasado está siempre presente en nuestro recuerdo, hay que cuidarlo con apuntes, con párrafos que lo conserven. Todo aquello cotidiano es un tesoro, no digo a conservar, mejor, a mantener vivo.
Eso, el pasado vive, y nosotros vivimos en él, en ese pasado estamos juntos y así seguiremos, el pasado es la eternidad, no morirá.
Tiempo antes, a partir del otoño de 2003, iniciamos el desmonte del terreno lindero al arroyo. Compramos una motosierra Powlan, no era la mejor, mucho tiempo después pudimos acceder a una Stihl, parece que hago publicidad. La cosa es que comenzamos a cortar árboles a nuestra manera, sin parar. No éramos muy duchos en eso de talar, así es que más de una vez los troncos nos pasaron cerca de la cabeza y nos caímos con la motosierra encendida, lo primero siempre fue motivo de fuertes enojos por parte de Alvarita, "me querés matar, no te das cuenta de lo que hacés, sos loco", pongo por ejemplo, lo segundo motivó la risa permanente en lugar del enojo. Sucedió que cuando me caí con la motosierra, también se me cayeron los pantalones, quedé en calzoncillos. La Rancherita es un lugar solitario, pero aquella vez muchas señoras gordas estaban en la otra rivera del arroyo y me vieron. Lo cual alegró durante muchos días y años a Alvarita.
Aprendimos en aquellos tiempos que no se deben quemar las pelotitas de los paraísos, son altamente tóxicas, la que se reía de mis pantalones caídos se enfermó bastante a causa del humo.
Amigo de recordar fechas: el 27 de marzo de 2003 llegamos a la vivienda transitoria en Los Aromos, el 3 de octubre nos mudamos a la cabaña de troncos en La Rancherita. En ese tiempo, además de hacer los trámites para habilitar la camioneta para turismo, trabajábamos intensamente en el terreno, Fabrizio y Rodrigo construían nuestra cabaña, todos regresábamos muy cansados a casa, junto al río Anisacate, en el balneario Los Patos.
La muerte de la Yarará; Alvarita, conductora de micros; la compra del dvd; los viajes de turismo; incendio en La Rancherita; los primeros tiempos en Cañuelas; La casualidad; conocerse por chat; El volver; mucho pasado para hacer presente.
Hoy es 27 de marzo de 2012, hace 9 años llegábamos a vivir a Los Aromos. Graciela y Tatiana se ocupaban en descargar cosas de la traffic, en cambio fui al río Anisacate, sólo había que caminar unos 50 metros, la cabaña estaba sobre la playita del balneario Los Patos, sorprendido por el cambio, acalorado, no podía dejar el agua, las llamaba a los gritos, ellas decidieron seguir con la mudanza. Lo lamentaron, llovió durante dos días a partir de esa noche. Almorzábamos en el deck de la cabaña, mirando el agua, la arena, Fidel a veces se escapaba, no lejos pero como siempre me preocupaba que se perdiera.
Hacía un mes escaso yo dirigía una escuela, Graciela se aprestaba a tomar el máximo de horas titulares en secundaria, hacía un mes escaso la vida era otra, ahora se abría un mundo impredecible, inestable, cargado de sorpresas, un mundo que no gobernábamos, desconocíamos las nuevas reglas, los horarios, los lugares, las direcciones, no teníamos teléfonos en la nueva agenda. El miedo era inevitable, tanto como lo imposible del regreso.
En 2004, sufrimos un importante revés económico, nuestra fuente segura de ingreso, nuestro inquilino de la casa de City Bell, dejó de pagarnos el alquiler, sin previo aviso, sin dar explicaciones, sin una llamada. Intentamos comunicarnos a su teléfono, a su celular, finalmente acudimos a llamarlo a su empresa minera radicada en Valcheta, Río Negro. Los empleados que nos contestaban decían que no sabían nada de él, uno me dijo una vez que Carlos, tal el nombre del sujeto incumplidor, les debía sueldos atrasados, que hacía tiempo no tenían señales de él. Cuando lo puedimos ubicar, nos explicó que tenía un deudor del extranjero, que ni bien le pagase saldaría la deuda. Pasaban los días, nuestros duros días. Otra vez el relato cambió penosamente, se estaba separando, que debíamos darle tiempo. En pocas palabras un estafador nato.
Una tarde nos llegó, por correo, el resumen de cuenta del Banco Río, el mismo que tenía atrapados en el corralito los ahorros de Graciela. Anunciaban la venta de varios objetos, entre ellos un reproductor de dvd, que se pagaba en cómodas cuotas de 16 pesos, 48 cómodas cuotas de 16 pesos. Ella tuvo la idea de comprarlo, para darnos una alegría, tal vez fueron sus palabras textuales. Concretamos la compra por teléfono, a los pocos días llegaba un camión de Andreani, conducido por un señor molesto por hacer tan pequeño mandado al medio de las sierras.
Alquilamos algunas películas, no muchas, no teníamos mucho dinero y el viaje a la ciudad era en ese momento calculado a fin de aprovecharlo con la compra de alimentos.
Tuvimos la alegría de ver películas muy buenas, las alquilábamos en el mejor video de Alta Gracia, Mi video club, regenteado por "el viejo", quien se jactaba de tener más de quince mil títulos. Al tiempo íbamos al local con listas de películas de directores europeos poco conocidos, aquel se enojaba al reconocer que no tenía tales o cuales títulos. Esos desafíos nos sirvieron para desear el libro que sacaba de abajo del mostrador a fin de darnos a conocer la ficha técnica, artística, y todo detalle de la película que solicitábamos. Queríamos tener ese libro, él quería tener la película.
En el verano de 2004 nos visitaron Iván, Florencia, Sofía y Malena, ésta última de meses. Nosotros caminábamos mucho, el trabajo con el transporte en la colonia había mermado, dado que en noviembre de 2003 nos enteramos que otro transportista tenía la exlusividad de los viajes. Creo que el 20 de enero nos llamó y nos dio el "permiso" de sacar viajes del lugar, la Federación de Trabajadores Municipales de la Provincia de Buenos Aires, en La Serranita. Esos dos primeros años fueron tan duros como creativos, aprendimos a editar un video con películas y musica promocionando nuestros servicios turísticos. No teníamos telefonía fija, el celular tenía poca señal en las sierras. El aparato era un celular motorola, una especie de enorme agenda en la que había un teléfono enorme con su batería inútil, razón por la estaba conectado a una batería de auto, a su vez conectada a un cargador de batería conectado a 220v. Un engendro impensable. Aclarar que no había internet está demás.
Hoy es 31 de marzo de 2012, estuvimos un largo rato muy tristes. Después hicimos planes, vender las cabañas, comprar una casita en La Plata, fabricar cerveza, vivir juntos, como hasta ahora, sin tantos compromisos de trabajo, más livianos, menos preocupados, mucho menos ocupados. Leer, mirar cine, escribir, hacer cerveza, la roja es la mejor, vivir.
¿Cúantas veces morimos y renacemos? Hoy tuvimos una mañana nerviosa, llena de espanto, de gestos de dolor y de impotencia. Como animales acorralados por un peligro definitivo, sin posibilidad de esperanza, reducidos a torpes reflejos de defensa, caminatas nerviosas en escasos metros, torpes irrupciones en lugares prohibidos, palabras innecesarias, rechazadas, nos dejamos llevar, cansados, sin oponer resistencia, a una sala de rayos, a una camilla, a unos procedimientos de curación, una punción dolorosa, nos dejamos llevar sin saber si nos esperaba una salida digna.
Pocas horas después de aquellos pasajes nos encontrábamos en casa chocando los vasos, mirándonos a los ojos, con la posibilidad de comer juntos sin temor al dolor, con un almuerzo infantil, patys casi completos, queso, jamón, tomate y papas fritas de paquete, emparedados con pan tostado en el horno, un vaso con vino casi bueno, otro con cerveza negra stout elaborada por nosotros el 12 de diciembre, lista para consumir el 30 de enero, servida hoy 2 de abril. Nos encontramos en casa cumpliendo del deseo de Graciela en las primeros momentos de hospital, quiero estar en casa, quiero estar en casa, ese deseo que mandaba dejar rayos, incumplir la cita en cirugía, desandar el camino hasta el auto, volver a la cueva, volver al íntimo silencio, abrazo, dolor, caricia. Escribo para revivir, para no`perder memoria, también de hechos simples, la compra del auto, el 4 de abril del 2011, hace hoy un año.
Nuestro primer encuentro fue en Parque Lezama. La cité en el monumento a Garay, a eso de las 19.30 de un viernes, creo. Pasó un rato que me pareció largo, ella no llegaba, pensé que no vendría, la noche templada hacía que la espera fuera más llevadera, me extrañaba su ausencia. Ya no la esperaba cuando apareció por detrás del banco en el que estaba sentado, me preguntó "Sr, no sabe dónde está la estatua de Garay". Gardel era el nick que yo usaba para chatear con ella en inforchat, el de ella era Gitana. A la tarde, junto a su prima Lola, había recorrido el parque para tantear el terreno de la cita, no encontró el monumento a Garay. Nunca lo encontraría, era Mendoza el inmortalizado sobre la esquina de Defensa y Brasil, mi confusión histórica fundacional fue motivo de risa, yo, el porteño, en un error tan propio de un visitante del interior, por no decir paisano, palabra que a ella le molestaba, a ella, nacida en La Pampa, criada en Bolivar, molestia jocosa que permitía burlarse de mi porteñez desinformada.
Nos cruzamos al bar Hipopotamus. Confiado pedí, cuando se acercó el mozo, "traiga una Quilmes". Ella preguntó si no habría otra cosa, Heineken por ejemplo. En los años siguientes cuando recordábamos el encuentro yo decía: ahí comprendí que nuestra relación me saldría cara. Gold Leef en lugar de Jockey Suaves. Hasta Tota, la presidente de cooperadora de la escuela me aconsejaba, Ricardo si no se viste un poco mejor va a perder a esa mujer.
Varios encuentros en ese bar se sucedieron en noviembre y parte de diciembre, en el último anuncié mi estadía acostumbrada en Córdoba, un mes, todo enero. Quedamos en vernos, a propuesta mía, el 3 de enero, en la estación de micros de Santa Rosa de Calamuchita.
Una fecha lluviosa, como llovía antes en las sierras, diluviando. A las seis de la tarde me senté en el único bar de la terminal, lugar con poca armonía y con menos estética, un lugar para llegar y partir, hóstil hasta en las mesas de fórmica en la que se apoyaba la tónica que tomaba en la espera. Cuando llegó había dejado de llover, el sol levantaba el vapor serrano que deja una humedad insoportable en la piel, en el pelo. Le iba a preguntar qué quería tomar, "adónde podemos ir a tomar algo", manera de invitarme a salir de la terminal, razón tenía.
Tomamos cerveza y comimos tostados en un lugar aceptable, en una mesa en la vereda, en la calle principal de Santa Rosa. Hablamos mucho, siguiendo la costumbre de Hipopotamus, quedamos en cenar con su prima, compañera de viaje de la incursión a las sierras después de aquella de su infancia.
Ayer ella recordó una parte de este poema.
"Amor constante más allá de la muerte"
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

Reconstrucción de una escena del encuentro en las sierras: ella llegó primero y esperó en esa mesa de fórmica, tomaba un café, totalmente empapada, el cabello, la ropa, propuso ni bien me acerqué a la mesa dirigirnos a un otro lugar, sin explicar las razones que estaban a la vista, la terminal de Santa Rosa no es un lugar para estar. Le dije que conocía uno, que me siguiese con su auto, así llegamos a ese lugar que ella del que ella hoy no recuerda detalles, salvo el hacer estado sentados en una mesa de la vereda. Cuando nos despedíamos me propuso cenar los tres, acepté, pasé a buscarlas a las 21, pensaba invitarlas a un lugar junto al río en el que se comía lomito, algo típico en Córdoba. Ella había elegido, apenas nos despedimos, un lugar frente a la capilla, un restorán a mi juicio elegante. Comimos lomo y tomamos vino tinto. Con Lola acordamos que el amor era una fuente de dolor, ella no estaba de acuerdo, hasta creo que se enojaba con la idea de que amar a otro trajese desdicha, sabía que esos dichos eran una provocación, una manera de decirle vamos a probar lo contrario, el amor es también alegría, o mejor el amor es dolor y alegría. Alegría por gozarlo, tenerlo; dolor, por la certeza de su final.
Nuestro próximo encuentro sería en febrero en Monte, cerca de la laguna. Llevó un termo con café, tomamos sentados en el pasto, fumamos, hablamos, estábamos deslumbrados por la posibilidad que se abría, la de necesitar estar juntos.
Alguien dijo: está la vida y está el pensar sobre la vida, que es otra manera de recorrerla. Ese es mi fundamento de escribir memorias. Hay un sujeto que vivió, hay otro que recuerda y registra lo que el primero vivió, ese fenómeno es el que me lleva a este acto de escribir. La vida se ha vivido, como no puede ser de otra manera, cronológicamente, con una secuencia lógica de actos, hechos, acontecimientos, encadenamiento de causas y resultados. La memoria se mueve aletoriamente, rescata sin orden, fluye sin dirección precisa, no se mueve por las calles o avenidas de una ciudad, sino que se materializa en diferentes lugares sin necesidad de trayectos.
Las cosas, un auto, una casa, una carta, unas vacaciones, mueven el dispositivo. Somos lugares, objetos, personas, afectos, estamos hechos carne en el mundo, el mundo es nuestra carne.
Hoy caminé por la diagonal 74, doblé en la avenida 7, buscaba comprar una cartera, o algo semejante para reemplazar su riñonera, la que tiene la inscripción de Banco Provincia de Buenos Aires. En la primera casa de venta de marroquinería me detuve, miré la vidriera, encontré algo que me interesó, no era una cartera grande sino una pequeña, cuadrada, con cuatro bolsillos, con una correa larga, marrón. Me pareció práctica para llevar documentos, llaves, el teléfono. Entré, la empleada, una mujer grande no tardó demasiado tiempo en darme la razón, ese y no otro era el artículo que me convenía, y sino lo puede cambiar, me dijo. Mientras regresaba con la pequeña cartera me convencía más de lo acertado de la elección, después de todo no era algo caro, ni para lucir en salidas, o con ropa cara, era simple y práctica. Además sabía que por piedad ella no me diría que era algo horrible, lo aceptaría valorando el gesto, casi heroico en mi de comprar un regalo, en especial una cartera. En oros momento quizá se hubiese reído por la compra, ahora no, tal vez le daría ternura pensarme caminando con la bolsita.
Antes de comprar el obsequio, recordé detenerme en una farmacia para comprar crema para los masajes en su espalda y pies.
Sigue siendo extraño caminar solo, muy extraño, camino sin caminar, es alejarme del departamento, es regresar en poco tiempo. Hace varios días que no manejo el auto, no tengo adonde ir. Es tan inútil tener un auto cuando no se tiene adonde ir, nunca me había pasado, nunca en toda mi vida desapareció el deseo y la obligación de estar en otro lugar.
En nuestros encuentros en el chat, ella Gitana, yo Gardel, le recomendé mirar Milagro en Milán, nunca entendí que no le gustara, aún hoy no lo entiendo. Ella trabajaba en una escuela de cine dando clases de literatura argentina, cuando vivimos juntos en Spegazzinni, traía los vhs de la videoteca de la escuela de cine. Con los años aumentó nuestra cinefilia, llegamos a tener casi 1500 películas, la mayoría clásicos, cine de autor, independiente, obras de directores desconocidos en argentina. El último lo descubrió ella en las sierras en noviembre de 2011, Sharunas Bartas, húngaro.
Hace dos años organizamos un ciclo de cine en La Plata, el director elegido: Fassbinder. Cantidad de proyecciones: una. Cantidad de asistentes: un varón y dos mujeres, una de ellas la hija de Graciela. Frente a tanto éxito cancelamos el ciclo, y eso que lo promocionamos a través de una entrevista que nos hicieron en una radio del lugar en el que hicimos el intento. Muy simpático.
En el primer y único encuentro proyectamos Todos nos llamamos Alí. Para el segundo teníamos planeado ofrecer Viaje a la felicidad de Mamá Küster, no fue nadie.
Lo valioso de la experiencia fue descubrir la necesidad de tener un proyector y una pantalla, qué maravilla ver cine de esa manera, deberíamos haber comprado el equipo.
Si hoy pudiésemos vender el complejo de cabañas, si pudiésemos seguir la vida creo que no trabajaríamos, compraríamos una casa pequeña cerca del bosque con el suficiente lugar como para fabricar cerveza, y un pequeño fondo con algo de verde. Si pudiésemos seguir la vida, viviríamos de otra manera, más despreocupada del trabajo.
Nos falta tanto para hacer, tanto para mirar, para hablar, tanto. Cuando uno encuentra en la vida al interlocutor válido, la vida debería ser muy larga, darnos tiempo para seguir dialogando, mucho tiempo. No es fácil encontrar un interlocutor válido, no es justo perderlo. No tenemos que perdernos, vamos a escapar de la gracia de dios.
Ayer ella dijo este poema:
Explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome. Alejandra Pizarnik
Es la síntesis del dolor, lo imposible.
Obsesivamente, en los días que transcurren, leí parte, pequeña parte de la vida de Pizarnik, biografías, entrevistas, crítica de su obra, se abrió una puerta que desafía las horas del dolor, que acompaña.
Uso la palabra obsesivamente con intención. Ella, en ciertos momentos, con amor y humor, me dice "Obse". Descubrir que la ingesta diaria de avena es buena para la salud, puede llevarme a hacer de ese cereal la alimentación exclusiva, durante varios días, claro hasta que me canso. Si caminar es bueno, pongo horarios fijos para salir a caminar. Conductas que a ella le divierten mucho, de la misma manera, mucho, son rechazadas en tono enojoso-cariñoso. Códigos, un idioma construido a lo largo de los años.
Hoy recibí correo de mi amigo de Mones Cazón, escribe semanalmente, nos desea fuerza, tiene fe.
En el otoño de 2001, luego de nuestro encuentro en la laguna de Monte, la relación se hizo más intensa, los llamados, las visitas a su casa de City Bell. Sucedía que algunas noches luego de hablar largo rato por teléfono, ella me invitaba a su casa, allá iba en mi vieja F 100, muchas veces me encontraba demorado porque la autopista a La Plata se encontraba cerrada por piquetes de manifestantes. Eran momentos duros, premonitorios de la crisis de diciembre de ese año. Alguna que otra vez regresaba sin haber podido llegar a destino, regresaba a Villa Celina. Entre City Bell y La Plata hay unos 70 kilómetros.
Cuando maduró la idea de estar más tiempo juntos propuse que yo alquilaría un departamento cerca de mi escuela, en Carlos Spegazzinni. Ella me visitaría los fines de semana, desde el viernes hasta el domingo, el fin de semana juntos. Si ella deseaba compartiríamos ciertos gastos. Creo que yo había visto alguna película francesa en la que ella llegaba a una casa de campo, la de él, llegaba en un Clío. El perro , un basset, saldría al encuentro, ella con baguettes en la mano y una botella de vino; él la mira por la ventana de la viaja casa, está cortando queso y fiambre sobre una tabla mientras en la olla se cuecen unos calamares, sale a su encuentro, el perro les salta, se abrazan, entran en la casa, comienza a llover suavemente, la cámara se levanta y se ve salir el humo de la chimenea. Corten. Claro, el problema es que ella no había visto mi película, su respuesta fue rotunda: juntos o nada, qué es eso de que yo vaya los fines de semana. Así fue.
Nuestra primera casa en Cañuelas tenía, debe tenerlo aún, un cartel de mayólica en una de las columnas de entrada: La Casualidad. La de haber entrado aquella noche en el chat, la de haber prestado atención a su diálogo, la de haber construido el rito nocturno de los encuentros. Casualidad, es el nombre que le damos a las causas que desconocemos. Sabemos que los relatos tienen más de una versión. El motivo por el cual le propuse vivir juntos todos los fines de semana, que luego serían todos los días, fue el precio del combustible; dice su relato que yo permanentemente decía a quien quisiese escuchar y a quien no quisiese también, la cantidad de litros de gas oil que gastaba mi camioneta desde Villa Celina a Cañuelas, el precio de cada litro, la cantidad de kilómetros, el costo de los peajes, el tiempo del viaje, entre otros detalles que quitaban romanticismo a la cosa. Es cierto, yo mencionaba esos hechos cotidianos. Aunque los dos relatos no se excluyen, más bien se complementan, yo quería vivir los fines de semana con ella, ella quería vivir todos los días conmigo, tiene razón cuando dice que aquella película francesa, que yo tenía en mente, es bastante mala, inverosímil y básicamente nada vital. "Los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí" dice esa hermosa canción. Igual, la escena me gusta, y también quería vivir todos los días con ella.
Cuando levanté un trozo de leña vi a la víbora, enrollada sobre sí misma, con la cabeza erguida, mirándome, despertada de un sueño de invierno. La idea de acumular leña debajo de la cabaña no era buena, leña apoyada en la tierra, leña seca al resguardo de la lluvia, leña no de calidad pero útil para que la salamandra calefaccionara con bríos, llegaba a ponerse blanca por la temperatura que alcanzaba, tanta que en el dormitorio de la planta alta hacía calor, tanta que dormiamos con la ventana entre abierta. La víbora no se movió durante segundos elásticos como minutos, como horas. Corrí a buscar el revolver que me había vendido Tota, un viejo revolver calibre 32 largo, marca Tango, eso junto a una caja completa de balas. Dos veces lo había disparado, una de prueba en la casa de la vendedora, el marido me llevó al fondo y me invitó a tirar a la tierra, en el parque del vecino. La otra vez fue en Los Aromos, accidentalmente se disparó, el plomo quedó atrapado en el piso de pino.
Le apunté a la víbora con cuidado, estaba a unos dos metros, en la misma posición. Le disparé una, dos, tres, cuatro veces, acusaba los impactos moviendo el cuerpo pero no se caía del todo. Le disparé el quinto plomo, apenas se recostó como para seguir durmiendo. Tomé una vara larga y la toqué, se movió como si despertara nuevamente, pero ahora enojada por la interrupción. La arrastré con la vara, se retorcía, intentaba defenderse ahora de los golpes que le daba en la cabeza.
Cuando la colgué de una rama del olmo, frente a la cabaña, conté los cinco plomos que tenía en el cuerpo, inútiles para matarla, ninguno le había dado en la cabeza. Su muerte llegó a los golpes, no a balazos.
"Ahora las ratas están de fiesta", fue el simple comentario del Valo que detuvo su caballo frente al cuerpo colgando. Imaginé el reproche, "no las mate, cuando vea una me llama y la llevo al monte". Sencilla lección de equilibrio ecológico. Pensé en las ratas, había cometido un error.
La llamé para comentarle los extraordinarios sucesos, encontrarme cara a cara por primera vez con semejante bicho, dispararle, matarla a palos, el rezongo del paisano. Ella estaba terminando el curso de conductora de micros de media y larga distancia, por la tarde la iba a buscar a la ruta, dos kilómetros de la cabaña. Esa noche hablamos de las anécdotas de sus compañeros choferes, de la matanza de serpientes, del desequilibrio ecológico, de los retos del lugareño, tal vez exagerados para morder la conciencia del criminal, hablamos, comimos, tomamos, hablamos, era tal vez principios de noviembre de 2003, me pregunto por qué hacía frío, o era leña para cocinar la que buscaba. Los recuerdos a veces se contradicen, la memoria los jaquea, los pone en línea, pero ellos tienen su versión, otra forma de revivir el hecho, y por qué no aceptarlo si en suma ganamos imágenes, fotos, movimientos, supuestos, vida que le dicen. Y bueno, era para hacer un asado entonces. Y habremos tomado vino, y jugado, y sido felices con asombro y con el latente miedo que nos daba el futuro, miedo que no nos confesábamos, que nos llevaba al abrazo fuerte de las noches.
Hoy es 15 de abril de 2012, cumpleaños de Damián, hijo de Graciela. Nos han visitado Iván, su otro hijo varón, sus hijas Sofía y Pía, Malena de cumpleaños, no vino. Damián vino con Florencia, su mujer, y su hijo Benjamín. Todos ellos con mucha vida por delante, nosotros con mucha vida por detrás. Tatiana ha llamado.
Suenan sirenas, voces desde los departamentos cercanos, una música que se confunde con el ruido del ventilador, es domingo, va llegando la noche, la noche de un día de sol, cálido, esos días en los que la gente camina o corre por el bosque, visitan el zoo por enésima vez, comen en los puestos al aire libre, aprenden a manejar, pedalean sus bicicletas, se sientan o acuestan sobre el pasto, abrazan a sus parejas, hamacan a sus hijos, un día que no se repetirá, tan semejante pero tan diferente a los demás, un día que ya no puede ser encontrado, un tesoro perdido.
Debería haber comprado aquella guitarra silenciosa para practicar sin molestar, era muy cara. En cambio vendí la Yamaha electroacústica, guitarra sajona, las cuerdas de acero y el diapasón angosto nunca me dejaron tocarla con comodidad. Compré esa guitarra en un local de Villa Lugano, en 2001, cuando vivía en Celina, en la casa de mi madre. La llevé a City Bell para mostrársela a Graciela, luego fueron pocas las veces que la usé. Con el dinero de la venta $1500 pesos, compré una guitarra clásica también Yamaha, el modelo C40, acaso la más barata de la línea, 800 pesos. Puedo tocar con facilidad. Allá en la casa de La Rancherita quedó otra guitarra clásica, el modelo CG100, de más calidad, y una guitarra con cuerdas de acero, tipo Ovatión, tan barata como incómoda. Por qué se me habrá ocurrido comprar esta armónica en Fa mayor, si no me gusta el sonido, jamás la use, no se cómo hacerlo, no me interesa saber.
¿Alquien quiere que le regale una armónica? La próxima vez que salga con el auto, cuando me paren los que limpian parabrisas en la calle 1 y la diagonal 74, se la regalaré al primero que venga con el limpiador en la mano. Tal vez resulte un buen armonista, ¿se dice así?.
Siendo director de la escuela 8 aprendí una estrategia para dar ciertas indicaciones, estrategia que enmascaraba la orden, la jerarquía, acortaba las distancias, sumaba el esfuerzo de los otros sin resistencias: reflexionar en primera persona del plural. Por ejemplo, si el patio estaba sucio luego de un recreo y pasado un lapso prudente no era limpiado, me asomaba a la puerta de la galería desde el cual se veía la mugre, pasados unos minutos un auxiliar se acercaba preguntarme si necesitaba algo, yo le decía: tendríamos que barrer el patio, nos ha quedado tremendo luego del recreo.
No fallaba, al rato un par de porteras barrían, el espíritu solidario y mancominado se había impuesto a los mates y a los pastelitos de la cocina, verdadero bastión del personal no docente. Lo mismo se practicaba con el personal y daba resultados.
Cuando, inconscientemente hice lo mismo con Graciela, en nuestra primera casa de Cañuelas, no me dio resultado, por el contrario el juego fue rápidamente puesto en evidencia: ah, no, acá no estás en la escuela chiquito, acá no sos director.
Hoy es 17 de abril de 2012, cumpleaños de Iván, quien trajo comida de Oliverio a casa;comimos Iván, Tatiana, Graciela y yo.
Ella me dijo hoy: yo solo quiero vivir para vivir con vos, nada más, caminar, viajar, dormir, hablar, pensar, comer, beber, vivir con vos. Y yo con ese sentimiento me siento completo.
En su pueblo, Bolivar, o mejor dicho en el lugar en el que ella se crió, había un cine que pasaba, todos los miércoles, películas en continuado. Seguramente el cine estaba abierto muchos otros días, ella recuerda la cita de los miércoles por lo que ese es el día en que el cine abría sus puertas a los niños y adolescentes de Bolivar.
Toda la ola de westerns, películas de vaqueros, la envolvió en los primeros años, ola con espumas del italiano, del americano, con sangre de indios, flechas, diligencias, dólares marcados, Giuliano Gemma, John Wayne y horas señaladas. Otra época de aquel imagino pintoresco cine, estuvo marcada por la proyección de cine nacional, y no cualquier cine nacional, nada menos que el dominado por Palito Ortega, Club del Clán, Sandro, Johnny Tedesco y demás personajes propios de Almodóvar. Ella a veces me sorprende con canciones, si es que se le puede llamar de ese modo a esos engendros, con unas letras tan absurdas e hirientes al buen gusto como la peor de Alex de la Iglesia. Es decir, que sin saberlo, aquellos intérpretes increíbles y otros tantos, inauguraron el bizarro en la música argentina, por lo que se deduce que cualquier engendro, pasado cierto tiempo se convierte en objeto de culto, como el cine clase B de Roger Corman, ejemplo "El pulpo de la laguna negra". Letras que dicen: "yo no quiero media novia, novia entera quiero yo", "alegría, tengo el alma llena de alegría, por eso canto y río todo el día, que es la forma más sencilla de mostrar felicidad". Rían, rían tranquilos, es sólo una muestra. Una más que merece compartir: "de chico quise tener una casa con pileta, pero yo me equivoqué y acá estoy en bibicleta", el coro de la misma dice: "yo me equivoqué, yo me equivoqué, cuídese compadre pa´ que no le pase a usted. Cuando me río de semejantes obras, ella me dice: viste que vos tenés en la cabeza datos pelotudos, bueno, yo tengo datos ridículos.
A Caballito, pleno corazón de Buenos Aires, no llegaban esas olas de cultura. Regresábamos desde la ciudad de Córdoba hacia Los Aromos, al día siguiente nos mudábamos a La Rancherita. Las columnas de humo que se veían ya desde Alta Gracia, a 15 kilómetros de la cabaña de troncos, el color verdoso y amarillento del cielo hacia el sur, eran angustiantes, me hicieron anunciar, fiel a mi estilo catastrófico, ese incendio es en La Rancherita. Ella me dijo, siempre el mismo tremendista, o algo parecido, seguro algo diferente pero con el mismo sentido. Llegando a Los Aromos fue evidente que el incendio era en el lugar anunciado por el pesimista, el lugar en el que habíamos depositado nuestras ilusiones, nuestro nuevo hogar, prosaicamente digo también, todo nuestro dinero. Cuando llegamos al arco de entrada de la comuma, a la altura del km 44 de la ruta 5, encontramos muchos vecinos, algunos habían dejado sus casas en el interior de la villa, el fuego estaba cerca del balneario, en el corazón del lugar, cerca de la cabaña, en nuestro corazón, justo en su centro. Ella decidió quedarse en la entrada, yo entré con la Traffic, el fuego, en algunas curvas del camino de entrada, ese camino de 2 kilómetros que ahora parecían cientos. Llegué a la cabaña, el fuego estaba a unos 200 metros, el color del cielo, nunca visto, el humo negro, el intenso calor, la desesperación, la impotencia, el sonido furioso de los árboles estallando, literalmente. Estar en medio de un incendio es una experiencia intensa, final. Decidí sacar la camioneta a la ruta, la salida fue peor que la entrada, lenguas de fuego se cruzaban en el camino, cerré los vidrios, salí a toda velocidad, cuántas veces morimos, cuántas curvas, cuántas veces vemos el final del camino, cuántas pendientes, cuánta soledad. Cuando llegué, Graciela estaba sentada junto a otras personas en una pared baja, lateral al edificio de la comuna. Creo que no hablamos, no hablamos con palabras, nos miramos, tantas miradas que nos unieron, esta era de espanto. Jorge Heuman, un vecino se detuvo debajo del arco, casi invitándome a entrar nuevamente a la villa. Subí a su vehículo, un viejo rastrojero con caja de madera, despintado, gris. Viajamos los 2 kilómetros sin hablar, se detuvo en la esquina, sus únicas palabras fueron, si el fuego llega no te hagas el loco, bajá al arroyo, a ese arroyo que estaba pleno de agua, con sus chorros de agua cruzando el vado, esos chorros en los que apenas unos meses antes, como turistas, nos masajeaban la espalda, esa agua abundante que nos invitó a emprender esta aventura en las sierras. Corrí media cuadra hasta la cabaña, no sabía qué hacer hasta que se detuvo una camioneta roja, era el presidente de la comuna, Alejandro, rápido dio una sola instrucción: agarrá la manguera y moja las paredes, las paredes de troncos macizos, las paredes resinosas dispuestas a explotar, la cabaña como un montón de maderita apilada, una enorme caja de fósforos con techo de chapa. La manguera era de media pulgada, el agua que salía era escasa, el chorro de agua no superaba mi altura, mojaba tan escasamente que la tarea era tan heroica como absurda. El fuego estaba a 50 metros, comía los pinos de la casa del vecino, subí a la cuesta en la que el fuego se arrimaba como un charco. Una manguera negra se había quemado, el agua aunque escasa salía, la tomé y comencé a mojar los pinos. El viento cambió, el fuego comenzó a correrse hacia el norte, hacia la salida. Crucé la calle, tomé la manguera nuevamente, un auto se detuvo frente a la cabaña, un auto blanco, tal vez un Renault 12 que en su puerta tenía el logo de un noticiero TN. Se bajan del auto dos personas, uno con una cámara, otro con un grabador, la situación era tan disparatada que no recuerdo lo que me preguntaron ni las respuestas, se que se vio en un canal de Córdoba, o alguien dice que lo vio y yo le creí, en todo caso el fuego se alejó gracias al soplo imprevisto. Esa noche cenamos en Los Aromos, un par de días después nos mudamos a La Rancherita, quemada y su pesar prometedora. Por la ventana del dormitorio de la cabaña de troncos vi caer nieve en La Rancherita, vi caer nieve por primera vez en mi vida, eran copos muy blancos, suaves se depositaban en el techo de chapas del piso inferior, sobre el piso del deck, sobre la copa de los cipreses junto al arroyo. La desperté comentándole la novedad, era temprano, tal vez las 8 de la mañana, el caño de la salamandra estaba todavía caliente, está nevando, vení, está nevando. No me creyó, claro que no me dijo "no te creo", fue una frase más determinante, una queja, como la de quien es es despertado muy temprano con una novedad poco creíble. El día anterior ella me había comentado lo lindo que sería ir a ver la nieve, comentario que hizo poco creíble mi anuncio en aquella mañana de independencia patria. Parecía una broma, no era. Cuando miró por la ventana duplicamos el asombro, nos vestimos rápido, bien abrigados, tomamos la cámara de fotos y salimos a caminar, el paisaje era hermoso, la nieve cubría todo con una capa gruesa, hacía varias horas que nevaba con intensidad. Era el invierno, 9 de julio de 2007, el invierno que nunca soñamos vivir, con nieve. Unos años atrás había quedado el intento, la intención, de comprar un terreno en la base del Cerro Catedral en el verano de 2003. Nuestras vacaciones de aquel año comenzaron a fines de diciembre de 2002, la dirección: el sur. Llegamos a Bariloche luego de hacer carpa una noche en Las Grutas, otra en Playas Doradas, cerca de Sierra Grande, un intento de acampe en Península Valdez, y alguna noche en Puerto Madryn. Cruzamos la meseta patagónica desde Madrýn hasta Esquel, dormimos en el Parque Nacional Huechulaufquen, llegamos al Camping Petunia. En esos días recorrimos inmobiliarias, en una de esas vimos el cartel del terreno del Catedral. Fiel a nuestro estilo fuimos a visitarlo, hermoso, no tanto como la municipalidad a la que concurrimos un par de veces para averiguar datos que nos confirmasen la posibilidad de construir cabañas, visitamos dos constructores de cabañas, el deseo viento en popa. Era posible, hasta el precio del terreno esta posible, 18.000 dólares. Regresamos a Buenos Aires, estaba por nacer Mateo, el segundo hijo de Pepo, a su vez segundo hijo de Graciela. A los pocos días salimos nuevamente hacia Bariloche, esta vez teníamos un destino preciso, una tarea concreta. Mismo viaje, mismo camping, misma inmobiliaria, pero no el mismo precio: 25.000 dólares. Hicimos cuentas de lo que teníamos y lo que no, imaginamos la posibilidad de un préstamo, no imaginamos que los inmobiliarios nunca responderían a nuestro pedido, el terreno había salido de la venta, nadie nos lo comunicó, sólo desapareció el cartel de la vidriera. El terreno no estaba a la venta, ya no tenía precio, el dueño prefería esperar, que la situación del dólar, la del país, la del extranjero, la de los bonos, la de los otros. En el camping empezamos a tener frío, fruto de la decepción tal vez, por qué hacía apenas unos días atrás hasta nos habíamos metido en el agua helada del Nahuel Huapi y ahora no podíamos dormir. Regresamos. Llegamos a Spegazzini a fines de enero. Ella. menos poética dice que no podíamos dormir porque el frío era muy intenso, porque no podíamos ni asomar la cabeza fuera de la carpa. Tiene razón, el regreso no fue tan sólo fruto de la decepción. Cualquier humano normal, luego de viajar en un mes unos 10.000 kilómetros en un mes, se hubiese decidido a aprovechar los últimos diez días de vacaciones sentado en una reposera frente al mar, en cualquier playa bonaerense. Salimos hacia Córdoba una vez repuestos de los viajes al sur, es decir a las 48 horas. Teníamos unos 1o días de más peregrinaje antes de retornar a los conchabos educativos. En estos desaforados días de la primavera de 2012, avanzamos raudamente en la lectura de Proust, y vimos la bella y dolorosa Satántángó, dirigida por el húngaro Bela Tarr, 450 minutos de imágenes impactantes como la lluvia y la humillación de sus personajes o debería decir personas. Ella acaba de terminar La Grande, de Saer, afirma que es su mejor novela, me compromete a leerla. En estos días de sierras, luego de tantos meses de encierro en el departamento, renacemos. Alejandro, el jefe comunal nos ha invitado a su casa a comer paella, exquisita, en días previos lo agasajamos con pizza casera, él hizo su aporte con una bondiola de cerdo, de su propia factura, tomamos cerveza aunque no la Brausen, nos conformamos con una industrial Stella Artois. Prometemos que en el próximo viaje a las sierras, es decir en nuestro regreso a casa, haremos cerveza colorada, mejor que la que Marcelo y César trajeron hace unos días, la fabricada por los alumnos del curso de Cibart, todas coloradas, todas diferentes, sabores extraños, aunque sirvieron esos cinco litros para acompañar el pollo tan exquisitamente adobado por César. Son amigos de las sierras. Nos ha visitado Marcelo Riuz, con su abrazo fuerte y simple. Hemos dejado las tareas encomendadas a

domingo, 2 de octubre de 2011



Sangre sabia, novela publicada en 1952, escrita por Flannery O`Connor, cuenta la historia de Hazel Motes, quien, tras servir en el ejército, regresa al evangélico y profundo sur de Estados Unidos. Allí empieza a librar una guerra privada contra la religiosidad de la comunidad y, en particular, contra Asa Hawkes, el predicador "ciego" y su degenerada hija quinceañera. Presa de su desesperación, Hazel encuentra su propia religión, "La Iglesia sin Cristo".

Sangre sabia, la película.
Adaptación de la novela homónima de la escritora sureña católica Flannery O'Connor. El director John Huston rodó el film con dos pequeñas productoras independientes, y contó con un sólido guión de Benedict Fitzgerald (que escribió para Mel Gibson La Pasión de Cristo) y Michael Fitzgerald.

El cineasta de origen irlandés logra capturar esa atmósfera tan especial de la cosmovisión de O'Connor, al narrar la historia de un pobre diablo de humilde condición en el Sur de los Estados Unidos, en el llamado "cinturón bíblico". Este joven, pobre y sin apenas cultura, marcado por una educación puritana muy estricta y recién licenciado en el ejército, está determinado a "comerse el mundo" ejerciendo de predicador; y para ello, nada mejor que fundar su propia iglesia sin Cristo. Detrás de unos personajes aparentemente excéntricos -el protagonista, el ciego y su seductora hija, el tarado que se disfraza de gorila, el embaucador profesional...-, por no decir grotescos, se esconde una profunda humanidad no exenta de flaquezas, al tiempo que se muestra que los caminos por los que actúa la gracia de Dios son misteriosos. (fuente: decine21.com)

Imprescindible la lectura de la novela, editada por Lumen en el volumen "Flannery O`Connor Novelas", que ha llegado a las librerías argentinas en agosto de este año. En el mismo volumen, otra novela, "Los violentos lo arrebatan", segunda y última escrita por O`Connor, da muestra de su lúcida y tormentosa, radical y sobrecogedora obra.
La película filmada por Huston, cuyo título se conoce aquí, lamentablemente, como "Un predicador direfente", es el complemento visual de la novela de O´Connor, muy recomendable.

Alain Robbe-Grillet o el hombre que miente

Alain Robbe-Grillet
Brindis con un inmortal
Hoy, el novelista de La celosía , el coautor de Hace un año en Marienbad , el cineasta de La inmortal cumple ochenta años. En esta conversación, el gran escritor francés habla de su vida y del nacimiento del Nouveau Roman. Además, recuerda con humor sus batallas con la censura y se refiere a sus nuevos libros

Cuando uno ve hoy a Alain Robbe-Grillet se dice que ochenta años no es nada, que febril su mirada, inquieta y con un dejo de malicia, sigue escrutando el mundo con la curiosidad de un adolescente. Es una "fuerza de la naturaleza", como dirían los franceses, una bomba de energía. Esa energía pasa por su voz, grave y penetrante, cuando iniciamos este diálogo por teléfono y su curiosidad me pone, de entrada, en el papel de entrevistada. Me pregunta por la situación actual en la Argentina, en Buenos Aires (que visitó más de una vez, especialmente en las ocasiones en que fue jurado en el Festival de Cine de Mar del Plata) y quiere saber si los jacarandaes que cubren de flores color malva las plazas porteñas en primavera florecen en septiembre o en octubre, curiosidad que la entrevistada no sabe satisfacer.
Nacido en Brest el 18 de agosto de 1922, este ingeniero agrónomo que ejerció su profesión en Francia y en las Antillas redactó en 1949 su primera novela, Un regicidio , en el reverso de las páginas que detallaban el árbol genealógico de un toro holandés, durante las largas pausas que le dejaba su trabajo en un centro de inseminación artificial y de investigación sobre las hormonas. Un contexto muy particular para abrirle paso a su vocación literaria. Rechazado por Gallimard, ese manuscrito llegó a manos del consejero literario de las Editions de Minuit, cuyo diagnóstico fue favorable. La idea de una publicación quedó entre paréntesis porque Robbe-Grillet ya había comenzado a redactar una nueva novela, Las gomas , que prefería publicar en primer lugar.
Las gomas retomaba la historia de Edipo Rey (algo que sólo Samuel Beckett percibió en ese momento) y presentaba un enigma policial apto para captar la atención de cierto público y para hacer pasar las innovaciones de la escritura del autor: una temporalidad no lineal, una escritura fragmentaria, una ausencia absoluta de interpretaciones psicológicas y una concentración en descripciones minuciosas, pulidas, retomadas más de una vez con pequeñas variaciones, que exasperaron a más de un crítico y le valieron las primeras apreciaciones de "objetivista" y de "anti-humanista". Los ánimos se encendían, pocos leían la novela pero muchos leían lo que se escribía sobre Robbe-Grillet, que fue adquiriendo así, paradójicamente, cierta notoriedad. Le pregunto si Las gomas , publicado en 1953, lo transformó rápidamente en un personaje célebre:
-En realidad, no. El libro que me hizo célebre fue Le Voyeur (traducido como El mirón ), que gracias a Bataille, Paulhan y Blanchot obtuvo el Premio de la crítica, y el éxito se debió al escándalo que produjo esa elección: uno de los miembros del jurado renunció, Gabriel Marcel se puso furioso y Emile Henriot, un amable personaje que formaba parte de la Academia Francesa, escribió en Le Monde que el libro merecía más ser tratado en el Tribunal correccional o en el Santa Ana (el hospital psiquiátrico más importante de París) que en el jurado de un premio literario.
EL LUGAR DEL CRIMEN
Habría que aclarar que una multitud de indicios llevan a pensar que Mathias, el viajante de comercio que protagoniza la novela, fue el autor del crimen, nunca descripto, de una joven adolescente. Como en medio del libro había una página blanca, todos los críticos situaron allí el lugar del hecho, tanto más aberrante cuanto que aparecía silenciado, a pesar de un presunto testigo, que era el que justificaba el título de "voyeur". La gracia es que la página blanca -el lugar del crimen- había sido simplemente un error de edición, y que el título originario del libro, Le Voyageur ("El viajante") había sido cambiado a último momento, por una sugerencia del editor de Minuit, Jérôme Lindon, que a Robbe-Grillet le había parecido pertinente.
Así los equívocos que pululaban en los intrincados argumentos de Robbe-Grillet comenzaron a tender su sombra sobre los críticos, que intentaban infructuosamente interpretar el texto como una novela "realista" y la atacaban con una pasión difícil de imaginar en los tiempos que corren. Entretanto, los personajes más brillantes de la época saludaban calurosamente su obra: Paulhan, Bataille, Raymond Queneau, Blanchot y Roland Barthes, entre otros. Y en medio del escándalo suscitado por Le Voyeur , L´Express le ofreció a Robbe-Grillet una columna, titulada "La littérature aujourd´hui" ("La literatura, hoy"), donde publicó los textos que, en una versión corregida y aumentada, darían lugar a los que se reunirían diez años más tarde en Por una nueva novela , libro que se sigue considerando, actualmente, como un "manifiesto" del Nouveau Roman . Un nuevo equívoco, claro, puesto que de esos textos sólo era responsable Robbe-Grillet. Lo que no da lugar a equívocos es que fue él quien reunió a los nuevos novelistas (Claude Simon, Marguerite Duras, Nathalie Sarraute, Michel Butor, entre otros), que comenzaron a publicar en Minuit. Le pregunto cómo se reunieron esos escritores: -Los críticos dominantes en esa época, que pensaban que la literatura no iba más allá de Balzac y que ignoraban totalmente la literatura extranjera, me consideraban ilegible y me acusaban de no escribir "verdaderas" novelas. En mi función de consejero literario de Minuit, tuve la oportunidad de descubrir a otros escritores a los que se les hacían los mismos reproches o de los que no se hablaba, algunos de ellos más viejos que yo, que escribían desde hacía veinte años y que eran totalmente desconocidos a pesar de su gran talento.
- ¿El Nouveau Roman era verdaderamente un grupo, un movimiento?
-Era más bien un grupo de individualidades y no se trataba, en todo caso, de una escuela. Lo que sosteníamos con Jérôme Lindon era que había reunir escritores innovadores y de gran personalidad e impulsarlos a que siguieran en su propia dirección, sin preocuparse por lo que pensaban el editor o los críticos. Si Calmann-Lévy, por ejemplo, podía imponerle a Claude Simon que agregara un capítulo para aclarar la intriga, supuestamente difícil de comprender para el público, nosotros lo impulsábamos a que fuera hasta el fondo de su propia aventura.
Las experiencias de Robbe-Grillet se fueron diversificando. Después de publicar, a fines de los años cincuenta, La celosía y En el laberinto , el ingeniero agrónomo que ya había alcanzado cierta celebridad como escritor comenzaba a embarcarse en la aventura del cine. Convocado por Alain Resnais como guionista para Hace un año en Marienbad , hizo mucho más que eso: fue responsable de la partición de escenas, y el film resultó de un verdadero trabajo en conjunto. Le recuerdo esa experiencia y aprovecho para preguntarle si se trataba de su primera incursión en el cine: -No, en realidad yo ya estaba dirigiendo mi primer film, L´Immortelle ("La inmortal"), pero la filmación tuvo que interrumpirse porque se produjo una revolución en Turquía. Cuando volví a París, un productor me preguntó si quería trabajar para Resnais, dije que sí, y trabajamos juntos con mucho entusiasmo. Después volví a Estambul y continué con L´Immortelle , que finalmente apareció en 1963. Aunque Marienbad , en 1961, obtuvo el León de Oro y se convirtió en un fenómeno de moda, la prensa la atacó sin piedad. L´Immortelle , que también ganó un premio, el Louis Delluc, fue un fracaso comercial.
Robbe-Grillet incursionó además en la pintura y realizó libros de arte en colaboración con fotógrafos y pintores. En dos libros publicados en 1971 y 1972, sus textos acompañan las fotos de esas adolescentes vestidas con ropas translúcidas y vaporosas que David Hamilton inmortalizó, fotos que resultaban algo escandalosas por ese entonces y decoran hoy las tapas de los cuadernos. También sus textos acompañan una serie de cuadros de Magritte en La Belle Captive ("La bella cautiva", que es también el título de uno de sus films más difundidos) y realizó un libro con Paul Delvaux y otro con Robert Rauschenberg, ambos en ediciones restringidas y prácticamente inhallables actualmente, especialmente el último, que sólo puede visitarse en el museo de Arte Moderno de Nueva York. Sin las imágenes, esos textos de Robbe-Grillet fueron retomados en la segunda etapa de su trayectoria novelística, iniciada en 1965, donde reaparecen también personajes, objetos o detalles de sus primeras novelas. Con esta red de referencias, con este juego intertextual, cada texto remite a la totalidad de su obra, siempre abierta, que toma una nueva consistencia.
BESTIALISMO EN EL LOUVRE
-A partir de La casa de citas , publicada en 1965, sus novelas son más lúdicas y, al mismo tiempo, el humor y los fantasmas sado-eróticos que estaban latentes en sus primeras novelas se vuelven manifiestos, tanto en sus novelas como en sus films. ¿Tuvo alguna vez problemas con la censura?
-¡Ah, sí! Incluso fui citado ante los tribunales, en el país de Pasolini, porque en Glissements progressifs du plaisir ("Deslizamientos progresivos del placer"), adaptación libérrima de La bruja , de Michelet, la joven y bella Anicée Alvina aparecía más de una vez desnuda y el film no había sido distribuido bajo la apelación "pornográfico". El film fue condenado en Palermo, con una sentencia que declaraba, en resumen, que un artista puede mostrar escenas de desnudos, y hasta impúdicas, sólo si están justificadas por la necesidad de la intriga, y que después de haber visto el film de "sieur Grillet", ellos (los jueces) no habían entendido en absoluto la intriga ni el encadenamiento de las escenas, por lo cual los numerosos pasajes del film en que aparecían los desnudos, que no respondían a ninguna necesidad, eran simple pornografía. Hubo apelaciones, nuevas audiencias, y no asistí a la última, donde finalmente el film fue condenado a la hoguera: todas las copias y el negativo italiano ardieron en la plaza pública... Un singular homenaje, porque en una escena del film, donde no faltaban tampoco jueces ni magistrados, la hoguera estaba en primer plano...
-En suma, el film fue víctima de la Inquisición porque no respetaba la linealidad de la intriga...
-Y esa linealidad de la intriga, que alimenta la ilusión realista, era tan necesaria para los jueces como para los amantes del cine pornográfico... En Francia, después de algunas querellas, el film se presentó en un cine de los boulevards con un enorme cartel publicitario bien realista, grosero, ideal para atraer a una clientela muy especial. Durante los dos primeros días de proyección, la sala no podía contener a todos los espectadores. Pero poco a poco, los que salían decepcionados o los que salían furiosos en medio de la proyección terminaron disuadiendo a las otras víctimas del cartel publicitario, y el cine se vació.
-Al menos, no quemaron el cine... Cuando se juega con fuego...
-Justamente, en Francia, la censura me amenazó por otro film, Le jeu avec le feu ("El juego con el fuego"), y yo le respondí por intermedio del ministro, a quien conocía, que si intentaban censurarme iba a devolver mi Legión de Honor... (se ríe de buena gana) Y sabe, cuando uno devuelve su Legión de Honor, en Francia, se arma un escándalo... Lo que les molestaba en ese caso a los censores era lo que ellos llamaban "escenas de bestialidad", porque había en el film una joven con un gran perro, y cosas por el estilo. Eran precisamente escenas muy bellas, cercanas a las del Museo del Louvre. Se puede decir que las tres cuartas partes del Museo del Louvre, bueno, no tanto pero en fin, una buena parte, muestra "escenas de bestialidad": Pasifae y su toro , Leda y su cisne... y tantos otros cuadros... Si esas son "escenas de bestialidad", hay que cerrar entonces el Museo del Louvre.
-Cuando se producían estos episodios o amenazas de censura, en los años setenta, usted se diversificaba en el universo de las artes, ejercía como profesor en los Estados Unidos y participaba, con gran entusiasmo, en los debates de una época en que la reflexión sobre la literatura, en Francia, era verdaderamente apasionante. ¿Qué lugar ocupa, actualmente, la reflexión sobre la literatura?
-La reflexión hoy en día es más escasa, y menos arriesgada. A las nuevas generaciones no les gusta mucho reflexionar sobre la teoría literaria, piensan que no es bueno, y yo no soy quién para juzgarlos. Hay que decir también que en esta época no se producen grandes obras, ni en Francia ni en otros lugares...
REIVINDICAR LA MENTIRA
-¿Las grandes obras son las que incitan a reflexionar, como las del Nouveau Roman ?
-Las obras del Nouveau Roman eran muy ambiciosas. Los jóvenes escritores, actualmente, tienen una idea más banal de la literatura y escriben cosas simples, como si la escritura fuera algo inocente. La preocupación por las formas narrativas pasa rápidamente a un segundo plano. Se diría que eso les interesa mucho menos ahora, que buscan sólo contar historias. Y son siempre las mismas, por otra parte, son historias de amor y de ruptura, contadas simplemente, que no incitan al lector a trabajar, a participar en la creación. Pero no hay que preocuparse: ya van a surgir nuevas obras importantes, nuevos problemas, nuevas reflexiones...
Se diría que quiere tranquilizarme. A nadie se le ocurriría hablarle a Robbe-Grillet de la muerte de la literatura, del pensamiento, de la filosofía. Sí de rupturas, como las que él supo provocar, incluso en su propia trayectoria. En 1985 sorprendió a todo el mundo al publicar El espejo que vuelve , primer tomo de una serie que él bautizó Romanesques y que propone una Nueva Autobiografía. Muchos se escandalizaron: ¿Alain Robbe-Grillet, el "objetivista", vuelve a la idea de autor? Al autor, sí, que para gran desconcierto del lector ávido de "confesiones" anuncia, desde las primeras páginas, que no se compromete a contar nada que sea verdadero, porque en principio no cree en la verdad y, en caso de que existiera, no sabe cómo podría acceder a ella; al autor que se atribuye, también, el derecho de equivocarse y hasta a mentir, como Chateaubriand. Ese es el autor de la Nueva Autobiografía, el que afirma que ni el discurso "objetivo" ni el "subjetivo" se pueden pretender verídicos.
Lo cierto es que hay que pescar lo específicamente autobiográfico (y lo hay) en medio de un gran rompecabezas, porque la novedad reside en el juego formal. Cada uno de los tomos se organiza en fragmentos, y en cada fragmento se pueden encontrar reflexiones del autor sobre su obra, recuerdos, anécdotas, pasajes de ficción que rozan el delirio, interpretaciones de textos ( El extranjero de Camus, por ejemplo), polémicas en las que se interpela a alguien en particular o al eventual lector. En la secuencia, el lector se confronta alternativamente con varios Robbe-Grillet (el escritor y su doble, el cineasta, el polemista, el personaje...) y con más de un tono (intimista, épico, reflexivo...). Todo parece concentrarse en un sujeto de múltiples voces, en una subjetividad... Le pregunto entonces al supuesto escritor "objetivista":
-En un artículo de 1961, publicado en Por una nueva novela , usted escribió: "El Nouveau Romanapunta a una subjetividad total", ¿alcanzó esa "subjetividad total" con la Nueva Autobiografía?
-La "subjetividad total" es un fantasma, no se puede realizar. Pero puedo decir que sigo apuntando a una subjetividad total, también en los libros que publiqué en septiembre del año pasado y en la cinenovela que acabo de publicar.
Le comento que el título de la novela que publicó en septiembre, La Reprise , es difícil de traducir al español, porque no tenemos un sustantivo que corresponda exactamente al verbo "retomar" ("reprendre" en francés, de donde se deriva "reprise") y me anuncia que una editorial española ya está traduciendo el libro, que fue un éxito editorial y ya está traducido en otras lenguas.
-¿Y en qué sentido utiliza usted el término reprise ?
-En el sentido en que lo utiliza Kierkegaard, a quien cito, además, en el epígrafe del libro. La reprisees lo contrario de la repetición: se dirige hacia adelante, mientras que la repetición se dirige hacia el pasado. Es la construcción de un nuevo mundo a partir de las ruinas del viejo mundo.
-Y en La Reprise , que retoma justamente su primera novela publicada, Las gomas , son retomados también fragmentos de toda su obra.
-Así se construye la novela, sí, con fragmentos y ruinas de otros textos. Pero es un mundo nuevo.
Le propongo hablar sobre Le Voyageur ("El viajero"), la selección de textos, charlas y entrevistas que van de 1947 a 2001, pero me dice que está un poco cansado, porque pasó mucho tiempo en su bodega ordenando botellas de vino que estaban guardadas en cajas que aún no había abierto, un trabajo físico bastante pesado. Le pido que en honor de ese vino, que tan bien va con la literatura, me anticipe algo de la cinenovela que acaba de publicar, C´est Gradiva qui vous appelle(otro título difícil de traducir: "¿Es Gradiva quien lo llama?", "¿Gradiva lo está llamando?"), y finalmente cede:
-La cinenovela retoma la Gradiva de Jensen, pero completamente transformada, porque se trata de una serie de croquis de Delacroix en Marruecos, y hay entonces una reflexión sobre la pintura, sobre la representación y sobre la perfección en la pintura. Al mismo tiempo, el personaje de Gradiva está muy presente, un personaje, digamos, bastante más divertido que el de Jensen...
Puedo imaginarlo. Me dice que además de estar cansado tiene hambre (son más de las diez y media de la noche en Francia), que quiere abrir una de esas botellas de vino, y que los vinos chilenos y argentinos son cada vez mejores. Finalmente me recuerda que tengo que averiguarle en qué mes florecen los jacarandaes. Se lo prometo.
Con una de esas botellas de vino que acomodó en la bodega celebrará hoy su octogésimo aniversario. Dan ganas de brindar con él. .
Por María del Carmen Rodríguez
Para LA NACION - Buenos Aires, 2002


Robbe-Grillet
Todo es antiguo
A los 45 años, Alain Robbe-Grillet es un personaje fuera de serie. Competente ingeniero agrónomo, de pronto se puso a escribir novelas que no se parecían a las conocidas (La celosía, El mirón, Las gomas) y que impusieron su nombre a un público relativamente escaso pero internacional, que lo tiene por el maestro del Nouveau Roman, una actitud que "también el escritor llevó al cine. Hace un año en Marienbad, de Alain Resnais, tiene argumento de Robbe-Grillet, quien después realizó personalmente dos films desconocidos en la Argentina, La inmortal y Trans-Europ-Express, y está a punto de estrenar otro. Seix Barral acaba de publicarle La casa de Hong Kong (La maison de rendez-vous), cuya llegada a las librerías porteñas coincide con esta entrevista que Robbe-Grillet concedió a Primera Plana en su residencia de París.

Pregunta: Usted es un caso bastante raro, si no único. El del escritor de renombre que se pone a hacer sus propios films. No le enseñaremos nada al decirle que su público cinematográfico es restringido. Según usted, ¿quién va a ver sus films? ¿Quién irá a ver el último film de Robbe-Grillet, El hombre que miente?
Respuesta: Cuando usted dice, restringido, ¿es con relación a qué? ¿A El gendarme de Saint-Tropez?
p — O Blow-up.
R — Tengo un público de jóvenes, a menudo de muy jóvenes, muchachos y chicas de 15 a 25 años que se sienten tan identificados con aquellas formas que ni siquiera las encuentran
sorprendentes. Las personas de más edad están a menudo condicionadas por lo que se puede llamar su cultura... Los jóvenes, es así cómo viven, cómo piensan sus vidas.
p — ¿Es decir?
r — Una novela o un film era, en otros tiempos, en principio, una historia contada cronológicamente. Una novela de amor, por ejemplo, es un encuentro, una pasión, una declinación, una caída. En el cine tradicional, que se parece a la novela del siglo XIX, si se narra una de las partes de la historia en un lugar que no le corresponde en el tiempo, se lo indica cuidadosamente. Es lo que se llama un flash-back, el equivalente al empleo del pasado — imperfecto, indefinido o perfecto compuesto— en la novela. Luego se descubrió rápidamente que en el cine había algo de falso. El pretérito existe en la literatura, no existe en el cine. Aquí hay una imagen: no puede ser pasada. Desde el momento en que se la ve, está en el presente.
p — Eso desconcierta a la gente.
r — Lo mismo ocurre en todas las artes. Cuando Cézanne se puso a pintar manzanas chatas, le dijeron: "No es posible. Una manzana es redonda". Cézanne dijo: "No, una manzana pintada sobre una tela es chata y yo voy a pintarla chata". Aquello fue una revolución extraordinaria, y por eso toda la pintura actual carece de profundidad óptica.
p — ¿Qué le gusta en este mundo?
r — Pienso en las cosas superficiales, las más evidentes: los escaparates, la publicidad, los corredores del Metro, las revistas...
p — ¿Qué le aportan, respectivamente, el cine y la literatura?
r — No se pueden comparar. La literatura se hace sola, no existe sino la palabra, la frase, el vocabulario, la gramática, y si aquello resiste, la resistencia no proviene sino de mí. En el momento en que escribo, el lenguaje soy yo y no tengo problemas sino entre yo y yo. El cine, sea cual fuere la libertad que me dejen, el cine está hecho por todo el mundo: por el sol, por Jean-Louis Trintignant, mi intérprete. Siempre filmo con decorados reales; hay, pues, una resistencia constante de un material exigente.
p — ¿Usted cree que el gran público es permeable a esa exigencia?
r — Con motivo de mi primer libro recibí una carta de un gran editor parisiense, quien me decía que no había ninguna razón para editarlo dado que no podía interesar sino a un pequeño número de lectores. Hoy me propone sumas considerables para editar el menor de mis trabajos pequeños. Lo que prueba que ese público que no existía, ahora existe.
p — Usted dice que está inspirado por el mundo. Pero lo que el gran público reprocha a su obra literaria y cinematográfica es de no corresponder al mundo. Para el hombre de la calle, su obra es abstracta.
r — Hay personas que estarán en directa comunicación con él y otras que encontrarán el film perfectamente abstracto porque están habituados a considerar como concreto lo que comprenden claramente. Ahora bien, no se comprende sino lo que está ya digerido por la Historia, y que se ha convertido, en los hechos, en una abstracción. La anécdota lineal y cronológica del siglo pasado, la consideramos concreta, pero es abstracta para nosotros, dado que en nuestra cabeza eso ocurre de otra manera.
p — ¿Qué es lo que le ha hecho a usted correr hacia la lapicera o hacia la cámara? ¿No es para tranquilizar a las gentes, no es para emocionarlas?
r — Sin duda, una sensación causada por el mundo que de golpe me ha hecho decir: "Es necesario que yo lo haga, tenga que hacer eso"; y sin que aun pretendiese: "Tengo algo que decir". Pues no tengo nada que decir. Tengo necesidad de crear formas. El contacto sensible con el mundo me incitó a crear formas, lo hago con pasión, para los otros, pero como si fueran todos yo; no desprecio al público, dado que el público soy yo multiplicado por millones.
p — ¿Para qué sirve un Robbe-Grillet?
r — Un Robbe-Grillet solo, pongamos que no sea suficiente. Pero hay un montón de gentes que avanzan juntas y entonces las cosas progresan. El hecho de que las jóvenes generaciones estén menos condicionadas por el pensamiento del siglo XIX se debe justamente a esos pocos investigadores que se obstinaron en decir: "Y bien... no, no, no... No es así como sucede". Ahí está, tengo la impresión de buscar cómo ocurren las cosas. Hago libros o films y sé que hay gentes que dicen: "Es verdad, es así".
p — Luego, ¿usted se reintegra al combate cultural como un soldado?
r — Sí. Pero no es un combate por restablecer los valores del pasado.
p — ¿También es un juego?
r — Habría que decir hasta qué punto el juego es serio. Yo juego, ¿qué quiere decir? Uno juega su vida, es grave, pero uno juega su vida porque se la inventa. Jugar es inventar, porque no se trata de jugar según las reglas que existen: se trata de jugar un juego del cual se inventan las reglas en tanto y en cuanto se juega.
p — ¿Dónde está el erotismo en ese juego?
r — En un sentido, es el juego supremo.
p — ¿El placer?
r — El placer... se dice rápido... Es duro, severo, no es un chiste picante.
p — Usted dice que las formas sobre las cuales vivimos son, en conjunto, las formas del pasado. ¿Considera la moral una forma del pasado?
r — Seguramente. La moral es un producto típico del pasado. Por lo menos, siempre habrá una moral. Aquí estamos para hacerla evolucionar. La moral, como todo el resto, hay que inventarla constantemente. Lo que hay de consternante en la revolución socialista o en la moral cristiana es que se petrifican. Entonces, eso no interesa más a nadie. Al contrario, si a la moral hay que inventarla constantemente, entonces soy un moralista. En particular, en la moral de la pareja creo que todo hay que reinventarlo.
p — ¿Considera usted que se ejerce en Francia una censura?
r — Hay una censura y, oficialmente, comisiones de censura.
p — ¿Le molesta?
r — El papel de la sociedad consiste en ejercer una censura, y el nuestro en ir más allá. Quizás, es la censura la que permite progresar al erotismo. El erotismo da un pasa, la censura da otro, hay una especie de emulación, y eso avanza lentamente.
p —. ¿Cómo escribe usted?
r — No siempre es divertido. Vivo en el campo. Desde las ventanas de mi escritorio veo todo ese jardín que me atrae; querría vigilar mis plantas, cuidarlas, cortar una brizna de hierba que sobrepasa, y para quedarme en mi mesa, verdaderamente me es necesaria una gran aplicación. Por lo tanto, mi creación no se hace en la alegría. La alegría no viene sino después. Cuando trabajo, me impongo trabajar todo el tiempo. Desde la mañana, al despertarme, hasta la noche cuando me acuesto.
p — ¿Cómo hizo usted para esperar? ¿Tiene un sostén material?
r — Tuve la convicción, primero, y luego no tengo necesidades. No estaba casado. Puedo vivir con casi nada. Ocurre que ahora gano un poco de dinero y es un gran placer para mí el gastarlo, pero yo puedo vivir con muy poco. No compraba más nada, no tenía una camisa en buen estado, me ponía aquellos pantalones de los cuales mis amigos ya no querían saber.
p — ¿No ha escrito para el teatro?
r — No, no me interesa. Voy a hacerlo cuando tenga tiempo. Madeleine Renaud y Jean-Louis Barrault me prometieron montar mi pieza y dejármela dirigir.
p — ¿La televisión no lo tienta?
r — Depende de la libertad que se me deje. Tengo un proyecto de teleteatro. Veremos.
p — ¿Ve televisión?
r — Nunca. Creo que es anticuada.
p — Usted tiene 45 años. ¿Siente el peso de los años?
r — No tengo la impresión de haber envejecido en todas las cualidades de la juventud: es decir, entusiasmo, ingenuidad, pasión, amor. Pero algunas veces me encuentro con una muchacha muy joven, y de golpe me digo: "Pero yo podría ser su padre". Y quizás ella lo piense también.
p — Si le dijeran: "Tiene una enfermedad grave. Le quedan tres meses de vida", ¿qué haría?
r — ¡Oh! Nada... nada... En tres meses no vale la pena, no trabajo demasiado rápido. Si tuviera una cosa por terminar, en tres meses podría intentar, pero comenzar en tres meses algo, no.
p — ¿Sería importante para usted terminarla?
r — ¡Sí, frente a frente con la Eternidad! Cuando comienzo una cosa, allí me mantengo... Escribo a mano en forma total, por lo tanto, no tengo copias, y cuando he trabajado dos o tres años, alguna vez me digo: "¡Si pierdo el manuscrito, si se quema, qué obra maestra perdería el mundo!"
PRIMERA PLANA
30.04.1968

miércoles, 28 de julio de 2010

Sermón del Reverendo T.S.Shannon



Sermón: “Espíritu de la verdad” a cargo del reverendo T.S.Shannon
“Que las palabras de mi boca y la reflexión de mi corazón sean aceptables ante tus ojos, Señor, mi fortaleza y mi redención.
El sermón de hoy proviene del libro de proverbios, capítulo 25, versículo 28: “El hombre que no tiene control de sí mismo, es como una ciudad abierta, sin muros”
Al examinar nuestros corazones, en este lugar de culto, pregunto: ¿cuántos de nosotros podemos decir, gobierno mi propio espíritu? ¡qué débil es el hombre! ¿Cuántas veces, cuántas veces, cuántas veces…nos apartamos del camino recto y angosto? Pues sólo cundo obramos en Dios somos ciudades con muros. Sólo así nos defendemos de Satán y sus tentaciones. No podemos gobernarnos solos. Dios es nuestra única, nuestra única ayuda, y nuestra salvación…
¡ Muy bien, ya lo saben! ¡Por eso están aquí! ¡Para ver esta ciudad abierta!
“Cuando dos o más se reúnen en mi nombre”…dice la Biblia, pero no están aquí por ella. Reemplacemos las palabras. Reescribamos esta oración. Cuando dos o tres, cuando veinte o treinta, doscientos o trescientos se reúnen para murmurar, para juzgar, ¿a quién?...sí, a un hombre de Dios. Lo que ya todos saben de su pastor y guía espiritual, que es descendiente de un clérigo, nieto de dos obispos. Hubo ramas secundarias de la familia que buscaron el peligro y les arrancaron la cabellera, hombres con corazón de hombres, corazones salvajes y libres. Conocieron el hambre y saciaron su apetito, apetito que yo he heredado. ¡Los desafío! ¡Shannon los desafía! ¡Saquen sus hachas, prepárense para arrancar cabelleras! ¡Afilen cuchillos y arránquenme la cabellera!
Me niego a continuar dando misa en alabanza y adoración a este viejo enojado y petulante en quien creen. Le dan las espaldas al Dios del amor y de la compasión, adoran al que culpa al mundo y a su creación, por sus propias falencias.
¡Cierren sus ventanas y sus puertas! ¡Cierren sus corazones a la verdad de Dios!”

Monólogo con que inicia la película “La Noche de la Iguana”, basada en la obra de Tennesse Williams, adaptada y dirigida por John Houston, protagonizada por Richard Burton, Ava Gardner y Deborah Kerr

lunes, 26 de julio de 2010

El tercer hombre



Sabes, nunca me sentí cómodo en esta situación. ¿Víctimas?, no seas melodramático. Dímelo, ¿ te daría pena que alguno de aquellos puntos quedara inmovilizado para siempre? Si te ofrecieran 20.000 libras por cada punto inmovilizado…¿ rechazarías la oferta? ¿ o sacarías la cuenta de todo lo que podrías hacer con ese dinero?. Libre de impuestos, mi viejo, libre de impuestos…la única forma de ahorrar dinero en estos días.
Aquella cárcel está en otra zona, no hay nada que me incrimine, aparte de ti. Porto una pistola, no creo que busquen una herida de bala en un cuerpo caído desde esta altura.
Holly, somos tontos al hablarnos en estos términos, como si yo pudiera hacerte algo o tú a mí. Tienes una cierta confusión respeto a todo esto, eso es todo. Nadie piensa en términos de vidas. El gobierno no lo hace, ¿por qué habríamos de hacerlo nosotros?
Hablan de la gente, del proletariado, yo hablo de mamones e incautos, es la misma cosa. Ellos hacen su planificación a cinco años, y yo también.
Aún creo en Dios mi viejo, creo en Dios y en la misericordia y todo eso. Pero los muertos están más felices muertos, no tienen mucho que echar de menos, los pobres diablos. ¿ En qué crees tú ? No seas tan sombrío, después de todo no es tan terrible, recuerda lo que el tipo dijo: en Italia, durante 30 años, bajo los Borgia, hubo guerras, terror, muerte, sangre. Pero produjeron a Miguel Angel, a Leonardo Da Vinci, al Renacimiento. En Suiza hubo amor fraterno, tuvieron 500 años de democracia y paz, ¿ y qué produjeron ?: el reloj cucú. Hasta la vista Holly.
(Película: “El tercer hombre”, dirigida por Carol Reed. Extracto del diálogo entre Holly Martins (Joseph Cotten) y Harry Lyme (Orson Welles). Si bien el guión de la cinta pertenece a Graham Greene, el párrafo en que se compara al período de los Borgia con la democracia suiza pertenece al propio Welles, quien lo introdujo con el consentimiento del director y del guionista. )

miércoles, 2 de junio de 2010

Frases de películas


Título: "Cliente muerto no paga" Género: Comedia negra. Director: Carl Reiner. Año: 1982
"Perú es un país en el que escriben problemas con v, y si los corriges, te matan" Rigby Beardon (Steve Martin)

Título "La mujer pantera" Suspenso fantástico. Director: Jacques Tourneur. Año: 1942
"Es extraño, los gatos siempre se dan cuenta si hay algo que no está bien en una persona" Ollie a Irena.

Título: "Casablanca" Género: melodrama. Director: Michael Curtiz. Año: 1942
"Sé que nunca tendré fuerzas para dejarte otra vez" Ilsa a Rick, (y sin embargo lo deja otra vez).

Título: "El mago de Oz" Género: Musical infantil. Director: Víctor Fleming. Año: 1939.
"Los corazones nunca serán prácticos, hasta que puedan hacerse irrompibles".

Título: "Pacto de sangre" (Perdición). Género: cine negro. Director: Billy Wilder. Año: 1944.
"¿Cómo iba yo a saber que a veces el asesinato tiene un aroma parecido al de la madreselva?" Walter Neff
"Nunca llegarás a la frontera, ni siquiera al ascensor" Keyes a Neff cuando éste, moribundo, intenta huir.

Título: "Sunset Boulevard" (El ocaso de una estrella). Género: cine negro. Director: Billy Wilder. Año: 1950.
"Yo no soy grande, son las películas las que han empequeñecido". Norma

Título: "Gilda" Género: melodrama. Director: Charles Vidor. Año: 1946
"Las estadísticas demuestran que hay más mujeres en el mundo que cualquier otra cosa, excepto insectos". Johnny Farrel

domingo, 28 de febrero de 2010

Las islas afortunadas

Se nos pregunta por qué viajamos. El viaje puede ser, para los espíritus faltos de una fuerza siempre intacta, el estimulante necesario para despertar sentimientos adormecidos en la vida cotidiana. Se viaja, entonces, para recoger en un mes, en un año, una docena de sensaciones raras; quiero decir, aquellas capaces de suscitar ese encanto interior sin el cual nada de lo que se siente vale la pena.

Se pasan dos días en Barcelona visitando iglesias, jardines, una exposición, y de todo ello no queda sino el perfume de las flores opulentas de la Rambla de San José.¿Valía la pena molestarse? Evidentemente sí.

Cuando se ha leído a Barrés, nos figuramos a Toledo bajo un aspecto trágico, y tratamos de emocionarnos a la vista de la Catedral y de los Greco. Vale más vagar con desgano o sentarse al borde de las fuentes para ver pasar a las mujeres y los niños. En ciudades como Toledo, Siena, he contemplado largamente las ventanas enrejadas, los patios interiores con sus fuentes, y las paredes espesas y altas como murallones. Durante la noche me paseaba a lo largo de esos muros ciegos como si de ellos hubiera debido recibir alguna enseñanza. ¿Qué hay detrás de tales obstáculos? Precisamente, ¿qué nombre dar, sino el de amor, a todos esos obstáculos siempre presentes, de misterio siempre sospechado? (De cierta clase de amor, por supuesto; no la de los héroes de George Sand, claro está).

Se puede viajar, no para huir, cosa imposible, sino para hallarse. El viaje se convierte entonces en un medio, como los Jesuitas emplean los ejercicios corporales, los budistas el opio, y los pintores el alcohol. Una vez servidos, una vez llegados a la meta, rechazamos con el pie la escalera que ha servido para subir. Se olvidan los días desmoralizadores del viaje por mar y los insomnios del tren, cuando hemos logrado reconocernos (y sin duda alguna otra cosa más allá de uno mismo), y tal “reconocimiento” no ocurre al término del viaje que hacemos: a decir verdad, cuando ello tiene lugar, el viaje se acaba.

Resulta pues muy cierto que en esas inmensas soledades que debe atravesar el hombre desde el nacimiento hasta la muerte, existen algunos sitios, algunos momentos privilegiados, en los cuales la vista de un lugar actúa sobre nosotros, a modo de un gran músico sobre un instrumento trivial que, hablando con propiedad, revela a sí mismo. El falso reconocimiento es el más verdadero de todos: nos reconocemos a nosotros mismos; y cuando ante una ciudad desconocida nos asombramos como ante un amigo olvidado, se trata de la más verídica imagen de nosotros mismos que nos es dado contemplar.

Los grandes paisajes luminosos de Toscana y de Provenza, donde vemos llanuras imposibles de medir con la vista, y donde sin embargo todos los detalles aparecen escritos, esos paisajes de Lorena, son más propicios que otros a esa clase de revelación. Me escribió un amigo desde Siena, luego de un mes de viaje agradable, que al ocupar a las dos de la tarde la habitación que se le destinaba, cuando por los postigos abiertos vio un inmenso espacio donde remolineaban árboles, cielos, viñedos e iglesias: esa admirable llanura que Siena domina desde lo alto y que le parecía ver a través del ojo de una cerradura (su habitación no era sino un punto negro), se puso a sollozar. No de admiración sino de impotencia. Comprendió (porque no dudo de que se trató de un arrebato del espíritu antes que del corazón), comprendió todo lo que no podría hacer, la vida mediocre que estaba condenado a soportar, vio realizada en un instante la andanada de sus aspiraciones, de su pensamiento, de su corazón. Se le ofrecía todo y no podía recibir nada. Me dijo que en este punto había tenido conciencia por primera y última vez del carácter definitivo de una separación que hasta ahora había considerado como provisoria y que sin embargo él había sido el único en querer. (1)

Es cierto que algunos espectáculos, la bahía de Nápoles por ejemplo, las terrazas floridas de Capri, de Sidi-Bou-Said, son perpetuas apelaciones a la muerte. Lo que debería colmarnos, ahueca en nosotros un vacío infinito. Los lugares más bellos, las más hermosas riveras, están pobladas de cementerios que no se encuentran allí por azar; allí se ve el nombre de aquellos que, demasiado jóvenes, han sucumbido al pánico, ante tanta luz proyectada sobre ellos. En Sevilla, si se omiten los palacios, las iglesias, el Guadalquivir y el resto, la vida resulta agradable por muchas razones; pero no se siente realmente la atracción profunda del lugar sino cuando, al tratar de subir a la cúspide de la Giralda, el guardián se interpone: “Hay que subir de a dos”-dice-“pero, ¿por qué?” –“Hay demasiados suicidios”.

La belleza de los grandes paisajes no está proporcionada al poderío del hombre. Si los templos griegos son minúsculos, es porque fueron construidos para refugio de hombres perdidos en una luz sin esperanza, en un espectáculo sin medida. ¿ Por qué se dice que un paisaje es alegre? El sol hace el vacío y el ser se encuentra cara a cara consigo mismo, sin ningún punto de apoyo. En todas partes el cielo interpone sus nubes, sus nieblas, sus vientos, sus lluvias, y vela al hombre su podredumbre so pretexto de ocupaciones y preocupaciones…Admiro la descripción que hace Rousseau de su felicidad en la Isla Saint-Pierre:

“Las épocas de los más suaves goces y de los placeres más vivos no son aquellas hacia donde el recuerdo me atrae y me toca más: esos breves momentos de delirio y de pasión, por vivos que puedan ser, no son sin embargo-precisamente por su vivacidad-sino puntos desparramados en la línea de la vida. Son demasiado raros y demasiado rápidos para construir un estado; y la felicidad que mi corazón anhela no está compuesta de instantes fugitivos, sino de un estado simple y permanente, que nada tiene de vivo en sí mismo, pero cuya duración aumenta el encanto hasta el punto de hallar por fin en ella la suprema felicidad.”

Pero la suprema felicidad que Rousseau cree haber hallado en el lago de Bienne, y que tan bien describe como “un estado simple y permanente”, ¿no puede pasar antes por un entorpecimiento? Rousseau trata de ocultarse su propia miseria y su propia muerte. Me parece que la suprema felicidad para algunas almas (a las que no puedo sino admirar) no se separa de lo trágico: es la cima de lo trágico. En el instante en que el tumulto de una pasión llega al paroxismo, en ese preciso momento, se hace un gran silencio en el alma. Para tomar un ejemplo próximo, el silencio de Julien Sorel en la cárcel. Es también el silencio de los peregrinos de Emmaus. Es el silencio de la primera mañana de Pentecostés. Creo que sólo Rembrandt ha sabido expresarlo completamente. Se percibe que un segundo después de ese instante la vida va a regresar, pero entre tanto, está suspendida de algo que la sobrepasa infinitamente. ¿Qué? No sé. Ese silencio está poblado, no se trata de ausencia de ruido o de emoción.

(1) Los seres demasiado débiles tienen tentaciones contrarias a las de los santos: están tentados de rechazar.

Cuando vivía en Nápoles, iba todas las mañanas a la Villa Floridiana, que domina el Golfo, y me paseaba fumando cigarrillos hasta el mediodía. Esas horas de ocio me han nutrido más que las horas afiebradas de París. Lástima que en un decorado tan penetrante, todo o casi todo el mundo esté en este siglo ocupado en trabajar. Que se trabaje en París, en Londres, lo admito. Pero donde reinan perpetuamente el sol y el mar, hay que contentarse con gozar, con sufrir y expresarse. ¿A qué remover el barro del planeta cuando se vive en el centro de las cosas? Y mientras lentamente resonaba el toque de las doce y se escuchaban los cañonazos del fuerte Saint-Elme, un sentimiento de plenitud, no un sentimiento de felicidad sino un sentimiento de presencia real y total, como si todas las fisuras de un ser estuvieran taponadas, se apoderaba de mí y de todo lo que me circundaba. De todos lados afluían torrentes de luz y de alegría que estanque en estanque caían para ir a cuajarse en un océano sin orillas. En este momento (el único) me aceptaba por la sola adhesión de los pies al suelo, de mis ojos a la luz. Y en el mismo momento, en todas las riveras del Mediterráneo, desde lo alto de todas las terrazas de Palermo, de Ravello, de Ragusa y de Amalfi, de Alejandría, de Patrás y de Estambul, de Esmirna y de Barcelona, millares de hombres estaban como yo, reteniendo la respiración y diciendo: Sí. Y pensaba que si el mundo sensible no es sino un ligero tejido de apariencias, un velo de quimeras cambiantes que rasgamos al llegar la noche y que nuestro dolor trata en vano de barrer, hay sin embargo hombres que, primeros en el sufrimiento, reforman ese velo, reconstruyen esas apariencias, y hacen reaparecer la vida universal que sin ese impulso cotidiano se agotaría como un manantial perdido en los campos.

Me hablan, me hablo a mí mismo, de carrera a seguir, de obra a crear…de una meta en fin, de tener una meta. Pero esas instancias no llegan a lo que en mí hay de más profundo. La meta, la he alcanzado algunas veces, y nuevamente me parece (esperanza casi siempre errónea) que soy capaz de alcanzarla. Mi objetivo no depende del tiempo.

Y sin embargo no he logrado alcanzarla sino en las más humildes condiciones y por un cabal efecto de la gracia. Tal vez un día, habiendo subido a pie con un amigo hasta Ravello, que domina el Mediterráneo desde sus palacios normandos y bizantinos, conocí, sin haber sido de ninguna manera preparado, una plenitud. Echado de boca sobre las piedras de la Terraza Cimbrone, me dejé penetrar por los juegos de la luz en los mármoles. Mi espíritu se extraviaba en los juegos de esa transparencia, de esa resistencia, y luego se recobraba por entero. Me parecía asistir al espectáculo ante el cual se extravían todas las inteligencias: a un nacimiento; el mío. ¿Otro ser? ¿Por qué otro? Y me parecía que solamente en ese punto se empezaba a existir.

He ganado-me repetía ese día (era Navidad de 1924). He ganado. Todo el mundo pierde y luego trata de recobrarse, pero en vano. Yo, a esa hora que sé, en ese lugar que puedo decir, he ganado de un golpe todo lo que se podía ganar. No sé si me hago entender: pero estoy seguro de haberlo ganado todo. De un solo golpe y sin ningún mérito. Por mérito se adquiere lo que sea, pero en un solo minuto, ¿ se puede de veras…?

Advierto que esto que escribo es profundamente inmoral. Estamos de acuerdo en condenar las loterías. Odiamos el azar, organizamos el porvenir.

Luego de los momentos que he dicho, ¿se puede vivir? Se sobrevive, eso es todo, a la espera de un nuevo momento imprevisible. Pero ¿qué importa si me ha sido dado ganar? ¿Se percibe bien la fuerza de esta palabra? De cero se pasa al infinito. He ganado. ¿Qué hay con el porvenir? Pero luego, dirán, se recae en la nada. Sin duda, pero queda ese tenue hilo de luz que persigue hasta dentro del sueño y que advierte que antes…Y por qué en una milésima de segundo no sería yo precipitado nuevamente al fondo de ese ser más interior que yo mismo?

Flores que flotan en el mar y que se descubren en el momento menos pensado, algas, cadáveres, gaviotas dormidas, vosotras, heridas por las quillas, ah, mis islas afortunadas! Sorpresas de la mañana, esperanzas del atardecer, ¿volveré a verlas alguna vez? Las únicas que me liberan de mí, y en las que puedo reconocerme. Espejos sin baño de mercurio, cielos sin luz, amores sin objeto…